LA BRUJA AVERIA O  LA AVERÍA DE LA BRUJA.

                                                                                                          CAPÍTULO 3
 En este capítulo se cuenta como un aprendiz de Bruja quiso conquistar los Cielos…Tenía maneras, le gustaba manifestarse ante el Rey y prometía arreglar todo aquello que los vecinos soñaban. Un día se subió a la cúspide del Castillo y desde allí invocó  ¡Rayos y Centellas! ¡Abracadabra pata de cabra!  Por las causas justas del pueblo. 

Un importante grupo de vecinos (unos trescientos)  convencidos le apoyaron. Ella tal cual, flautista de Hamelin, tocaba su aquelarre y todos la seguían, iba acompañada por  varios gatos, maullando “miauuuu  miauuu”  y algún que otro grajo. No conquistó el Cielo pero si un hueco en la mesa del Rey. (Hay que dejar constancia que la bruja Avería, llevaba tiempo con la alquimia y no conseguía el Oro) cosa que, el avispado monarca captó y con artimañas  le ofreció “el oro y el moro”. La bruja con sus ojos desorbitados, montada en su escoba, recorría las noches de Oropesa con sus gatos agarrados a su escoba. Era feliz, no tenía el cielo pero si un buen lugar. Solo que en  el pueblo se empezó a conocer la verdad, ya  no quería conquistar los cielos pero si un puesto  en el Castillo del Rey.

Dicen algunos vecinos que le han visto por el sendero del camino… al  Bartolo, buscando una cueva para meterse con sus gatos y volver a hacer aquelarres, ya que vienen tormentas para Mayo y esta despavorida. Tuvo la Bruja Avería una avería y se quedó sin los huevos de Oro. No se dio cuenta que el Oro es el respeto de sus vecinos, por cierto no logra distinguir a los otros caballeros vestidos de lagarteranas, cuando cruza el cielo en su escoba.

A %d blogueros les gusta esto: